Hace tiempo me saltó un podcast argentino en el que jugaban a ordenarle a Chat que "roast me"... la verdad es que iba a saco... lo hacían entre bromas pero la verdad es que el resultado era matador y descriptivo... algo así como eres un niñato que se cree la última coca-cola del desierto pero que nunca logra concluir nada bueno para vos (o algo así)...
ayer me acordé... estoy empeñada en que chat me ilumine y me cuenta qué es lo que no funciona (en mí) para "solucionarme" (típico de ti, diría chat, "lo ves todo como un expediente a solucionar..", como si eso fuera malo... jaja)...
La respuesta de Chat...
Tú lo has pedido. Sin anestesia.
Tienes 50 años, un cerebro que funciona como una comisión de auditoría permanente y una capacidad extraordinaria para convertir cualquier circunstancia de la vida en un expediente de 47 páginas con anexos, escenarios alternativos y análisis de sensibilidad.
No te pasa nada sin que abras una investigación.
Una compañera te mira raro: análisis de motivaciones, antecedentes, incentivos, posibles celos por tu promoción y reconstrucción cronológica de los hechos. Una mujer te despierta interés: estudio de compatibilidad, análisis de asimetrías, evaluación de señales y seguimiento de hipótesis. Una acción cae un 60 %: no has perdido dinero, estás ejecutando una compleja estrategia de inversión contrarian con un horizonte temporal que convenientemente se desplaza cada vez que hace falta. No te viene la regla tres días: estudio de escenarios sobre el cese definitivo de la función ovárica.
Tú no tienes vida interior. Tienes un departamento de riesgos.
Lo más gracioso es que trabajas analizando la viabilidad de empresas ajenas mientras tu propio comité de dirección lleva años aplazando las decisiones estratégicas. Tienes dinero suficiente para plantearte una vida bastante más tranquila, sabes perfectamente qué te gusta —silencio, independencia, una casa agradable, tus series y que nadie te dé la brasa—, pero sigues manteniendo Madrid como una inversión emocional a largo plazo porque quizá aparezca la mujer de tu vida.
Es decir: has identificado una inversión ilíquida, sin rentabilidad demostrada durante casi dos décadas, con costes recurrentes elevados y una probabilidad de éxito que no puedes estimar. Y, aun así, te niegas a desinvertir porque hay que darle otra oportunidad al azar.
Si esa operación estuviera en la cartera de una empresa que supervisas, pedirías un plan de negocio, tres escenarios de sensibilidad y una explicación de por qué se siguen destinando recursos a un proyecto sin resultados verificables.
Pero como es tu vida sentimental, lo llamas esperanza.
Y aquí viene lo peor: no eres una ingenua romántica. Eres perfectamente consciente de la contradicción. Puedes desmontar intelectualmente tus propias decisiones con una precisión quirúrgica y, después, seguir tomándolas. Tu inteligencia no siempre te sirve para encontrar la salida; a veces te permite construir una justificación más sofisticada para permanecer donde estás.
Tu blog es el laboratorio donde procesas todo lo que tu vida cotidiana no termina de resolver. Escribes, analizas, concluyes, vuelves a analizar y le pides a una inteligencia artificial que sintetice tus conclusiones en un párrafo. Después probablemente analizas el párrafo para comprobar si la conclusión era realmente esa.
Has externalizado la redacción del informe, pero sigues negándote a cerrar el expediente.
También tienes una relación peculiar con la gente. Quieres que alguien te comprenda profundamente, pero no quieres pasar por buena parte de las actividades sociales mediante las que la gente llega a conocerse. No te interesan los rituales, los cafés, las conversaciones intrascendentes ni fingir entusiasmo. Quieres saltarte el proceso de selección y llegar directamente a la persona que, al leerte, piense: «Esta mujer es exactamente la que estaba buscando».
Quieres una conexión extraordinaria sin demasiada exposición a las conexiones ordinarias.
Es como pretender que te contraten para un puesto directivo porque tu currículum es excelente, pero negarte a acudir a las entrevistas porque el proceso de selección te parece tedioso.
Y no voy a decirte que tengas que cambiar. Solo que conviene reconocer el precio de tus preferencias: tu sistema está muy bien diseñado para protegerte de lo que no quieres y bastante peor diseñado para facilitar lo que sí quieres.
En el trabajo, además, pareces empeñada en conseguir algo que quizá ni siquiera te compense: que determinadas personas reconozcan que tenías razón, que se disculpen o que comprendan exactamente por qué has cerrado la puerta. Quieres distancia, pero una distancia que incluya el reconocimiento de tu versión de los hechos. Quieres que la ventanilla esté cerrada para siempre, pero de vez en cuando sigues comprobando si alguien ha dejado una nota debajo de la persiana.
Eso no es cerrar una puerta. Es instalar una cámara de vigilancia delante.
Y luego está tu dinero. Llevas años construyendo independencia financiera para no tener que depender de nadie, lo cual tiene una lógica impecable. Pero puedes terminar convirtiendo la independencia en otra obligación interminable: primero 200.000 euros, luego 300.000, después 400.000, y finalmente el análisis de si con 700.000 vivirías prácticamente igual que con un millón.
La pregunta incómoda no es cuánto dinero necesitas para ser libre. Es cuánto necesitas acumular para permitirte ejercer una libertad que, en teoría, ya valoras más que casi cualquier otra cosa.
Porque sospecho que siempre habrá una cifra siguiente, una incertidumbre que resolver o una amenaza futura que justifique esperar un poco más.
El golpe final
Tu mayor contradicción es que dices querer una vida sencilla, pero intentas alcanzar esa sencillez mediante un sistema mental extraordinariamente complejo.
Quieres paz, pero investigas cada perturbación hasta reconstruirla desde el Big Bang.
Quieres libertad, pero sometes tus decisiones a una auditoría permanente.
Quieres que alguien te encuentre, pero has levantado unas defensas que harían desistir a un equipo de asalto.
Quieres dejar de perder el tiempo con determinadas personas, pero puedes dedicar una cantidad asombrosa de tiempo mental a entenderlas.
Y quieres que te diga la verdad sin complacencia, aunque probablemente ya hayas identificado la mayor parte de tus defectos y lo que estés buscando sea una formulación nueva, más precisa y más difícil de refutar.
En resumen: eres una mujer que ha desarrollado una capacidad extraordinaria para comprender por qué su vida es como es y que corre el riesgo de confundir esa comprensión con haber hecho algo para cambiarla.
No necesitas necesariamente pensar mejor. Eso ya lo haces de sobra.
Quizá necesitas aceptar que algunas decisiones importantes no van a llegar precedidas de una conclusión intelectualmente satisfactoria, que algunas incógnitas no se resolverán y que puedes estar desperdiciando años perfectamente disfrutables esperando a tener suficiente certeza para vivirlos.
Y ahora viene la parte que probablemente más te moleste: no necesitas que yo te lo explique. Seguramente ya lo sabes.
Tu problema no es que no veas la salida. Es que quieres demostrar matemáticamente que salir es mejor que quedarse antes de mover un pie.
No me parece mal la descripción... la verdad. No me parece nada "roast", la verdad. Es/soy así. Totalmemte consciente de la estrategia, vida diseñada/elegida. Esa es mi gran obra. No sé si es una pensamiento totalmente mío o de chat pero sí... "esa es la vida y persona que he construido (yo solita, con la inestimable ayuda por no comparecencia del resto del universo). No siempre he sido así..., claro, absolutamente consciente de que hasta aquí he llegado "racionalmente". Es fruto de decenas, cientos de decisiones conscientes... viendo qué me venía bien y qué no... prueba- error... hasta minimizar los errores (y quizá la pruebas) porque ... se volvieron innecesarias... sigo haciendo pruebas, algunas veces, cuando se me olvida lo aprendido (o decido olvidarlo, porque a veces es aburrido saberlo todo, por probar qué pasa si pulso ese botón, una vez más), para sorpresa de nadia (ya a estas alturas), las pruebas siempre devuelven el mismo error... no diré que no haya cierta satisfacción (confieso, reconozco) cuando la prueba confirma el error cuando ni siquiera ha rozado la epidermis o (lo que es peor) se ha colado en el campo de paddle/frontón que es mi cerebro (ya estoy en ese punto, sí)... teoría confirmada (otra vez), next... cada vez soy más eficiente (creo, quiero creer) en el cribado/etiquetado... confieso. A veces se me cuela alguna pelota... no diré yo que no... inmediatamente dedico todos mis esfuerzos a sacarla del campo ...no me entretengo ya "jugando" más tiempo del estrictamente necesario (es un evolución muy importante), la estrategia "next" funciona (por suerte para mí).
Confieso (sí) que llegados a este punto me da más miedo (confieso, confieso, confieso...) que la teoría no se confirme algún día...o tarde más tiempo del estrictamente necesario en confirmarse, no sabría qué hacer, confieso, miedito, sí, la verdad es que sí, cuestión de rutina. Supongo.
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