Oferta de empleo indefinido para mujer perfecta
Madrid. Jornada completa, aunque se admite teletrabajo emocional.
Se busca mujer para puesto de compañera de vida. Abstenerse candidatas que crean que el amor todo lo puede. Ya somos mayores para esas cosas.
Se valorará experiencia previa en decepciones, reconstrucciones y planes B.
No es necesario ser especialmente optimista. De hecho, cierta tendencia a mirar las cosas de frente será considerada mérito.
La candidata ideal deberá ser capaz de mantener una conversación durante tres horas sin consultar el móvil, reírse de sí misma al menos una vez al día y entender que la intimidad no consiste en contarse secretos sino en poder estar calladas sin incomodidad (si es en horizontal, mejor).
Ofrezco:
Una vida razonablemente ordenada.
Estabilidad. Paz.
Ausencia casi total de dramas. (El casi es importante y no lo garantizo)
Capacidad para resolver problemas.
Lealtad a prueba de bombas.
Una colección considerable de cicatrices invisibles.
No ofrezco juventud, espontaneidad descontrolada (bueno, un poco sí, no soporto que me planifiquen las quedadas como si fuese un protocolo médico agendado con semanas de antelación) ni promesas de felicidad eterna. Tampoco abdominales.
A cambio espero una mujer que haya descubierto ya que la felicidad es una palabra demasiado grande para la vida cotidiana y que, aun así, siga encontrando motivos para levantarse por la mañana.
Edad orientativa: la suficiente para haber perdido algunas certezas y conservar todavía algunas ganas.
Imprescindible no venir a salvarme.
Llevo décadas haciéndolo sola y he desarrollado malos hábitos.
Tampoco busco salvar a nadie.
Busco alguien con quien comentar la actualidad mientras hacemos la compra en el Carrefour , discutir sobre si el mundo siempre fue así de absurdo o solo lo parece ahora, y compartir el privilegio extraordinario de no tener más obligaciones que las estrictamente necesarias.
Si has llegado hasta aquí y piensas que este texto habla un poco de ti, puedes escribir.
Si has llegado hasta aquí y piensas que hablo exactamente de ti, probablemente te equivocas.
Pero quizá merezca la pena comprobarlo.
¿Me escribirá alguien? ¿Solo tenía que esperar que alguien inventase la IA al otro lado del océano para encontrarnos?
Hagan sus apuestas, señoras!
(O envíen sus mails, que no sois tantas)
Un mail que cada lectora me enviara…